domingo, 11 de enero de 2015

Propuestas para un desarrollo sostenido de la Industria Nacional

La industria argentina históricamente se ha visto comprometida en su desarrollo por los sistemáticos procesos de stop/go de la macroeconomía. El desarrollo industrial en nuestro país se inició recién a partir de 1930, tardíamente en relación con lo sucedido en el resto del mundo. En sus orígenes y en sus debates posteriores el desarrollo industrial se vio atravesado por fuertes posturas ideológicas que ajustaron sus políticas en función de sus lineamientos generales, como fue el caso del peronismo, el desarrollismo y el kirchnerismo que definieron la transferencia de la renta agraria al mercado interno y a la inversión productiva.
Con la llegada de Néstor Kirchner a la Presidencia, después de reiteradas crisis de acumulación de reservas y fuerte dependencia de productos importados, el PBI industrial creció un 120%, a la vez que se registró una fuerte demanda del empleo en el sector productivo que arrasó con la desocupación producida por el cierre de empresas en años anteriores. Sin embargo, algunos de los beneficiarios de este modelo no identifican el crecimiento y desarrollo del mercado interno con las políticas gubernamentales. Estos sectores asocian más el crecimiento al ‘viento de cola’, o el precio de las commodities, que a la fuerza de un gobierno que tomó las banderas clásicas del peronismo para empujar una rápida salida del efecto trágico de la convertibilidad que habían dejado Menem y la Alianza.
 Tenemos que trabajar para lograr industriales comprometidos con un modelo productivo incluso alejado de un modelo rentista. Industriales pymes y medianos e, incluso grandes, que aspiren a un modelo de país capaz de superar los límites existentes a la industrialización argentina como son la importación de determinados insumos y bienes de capital o los problemas de financiamiento para ampliar las cadenas de valor.
 En esta dirección creo que debemos apuntar a algunas políticas clave como son el desarrollo de sectores estratégicos que permitan la futura industrialización por sustitución de importaciones. Hay que analizar en detalle las condiciones productivas y las necesidades específicas de las cadenas de valor manufactureras, en especial de las cinco de mayor tracción como son: la industria automotriz, la de alimentos y bebidas, la siderúrgica y metalmecánica, la química y petroquímica y la textil y confecciones. En este sentido, es vital la Regeneración del sistema de estadísticas nacionales y el desarrollo de una matriz insumo-producto actualizada.
 La segunda es la Creación de un Banco Nacional de Desarrollo Industrial orientado a asistir financieramente a proyectos industriales de inversión, capital de trabajo y garantías que requieran de crédito, con el objetivo de evitar cuellos de botella que restrinjan la expansión general de la economía.
 La tercera es la Promoción de la inversión a través de iniciativas como la aplicación de la demorada ‘Ley Pyme’, que exime hasta un 50% del pago del Impuesto a las Ganancias de las utilidades que se reinviertan y que además permite la devolución anticipada del IVA de los bienes de capital adquiridos.
 La cuarta es la Reclasificación de empresas según su tamaño en términos de producción, ventas y nivel de empleo a efectos de considerar políticas diferenciadas en el tratamiento impositivo. De esta forma, se podrían orientar más eficientemente los estímulos de política pública para mejorar la competitividad de la economía, la generación de puestos de trabajo y la distribución equitativa del ingreso.
 La quinta está asociada a una reforma impositiva que contemple medidas como la eliminación del 5% de derechos a la exportación de bienes industriales con alto nivel de utilización de materias primas nacionales, la elevación de las escalas de reintegros a las exportaciones, el aumento de la tasa estadística de cobro a las importaciones, la revisión general de las alícuotas de IVA y sus exenciones, impuestos punitorios a los inmuebles y terrenos improductivos, creación de un monotributo para las microempresas industriales de hasta cinco trabajadores, la eliminación o reducción del impuesto a los débitos y créditos que afecta proporcionalmente en mayor medida a las pymes.
 Por último, creo que debemos crear un Consejo Pyme Permanente, público-privado y un servicio para las Micro y Pequeñas empresas, una suerte de SEBRAE (Servicio Brasileño de Apoyo a las Micro y Pequeñas empresas) argentino y federal orientado a reducir la carga impositiva y simplificar su administración.
 En conclusión, creo que estas son algunas políticas que podrían permitirnos dar un salto cualitativo hacia un sendero sustentable de desarrollo que nos aleje del stop/go característico de nuestra historia industrial. Debemos trabajar en el desarrollo de un sector productivo y de una pequeña y mediana industria fuerte. Para ello es necesario el apoyo, los estímulos y un planeamiento a mediano y largo plazo que nos permitan establecer prioridades y compensaciones para los sectores menos favorecidos. Tenemos una ardua tarea por delante para lograr este objetivo, pero estoy convencido de su importancia para fortalecer el tejido social en su conjunto.

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